Gracia cerró la laptop y se frotó los ojos. Otra noche más en la oficina, sola, con la única compañía de su taza de café frío y el sonido lejano del tráfico nocturno. Afuera llovía. Las gotas resbalaban por la ventana como si el cielo supiera cuánto lo extrañaba.
Maximilien. Su Maximilien, suspiró con frsutración. A veces, se sorprendía volviendo a escribir su nombre en una esquina del cuaderno, como cuando estaba en el colegio. Lo escribía sin pensar, es que él no salía de sus pensamientos ni