El pasillo estaba tranquilo esa mañana. Gracia avanzó con pasos lentos, una mano acariciaba sobre su vientre, y la otra sujetaba el termo de agua que Pandora le había obligado a llevar. La rutina de los últimos días se repetía: subir al tercer piso, saludar a la enfermera de turno, cruzar el corredor en silencio. Pandora iba a su lado, atenta a cada movimiento suyo, como una sombra fiel.
—Te dije que no deberías venir sola, a estas alturas del embarazo no deberías ni salir—le murmuró con una so