Gracia salió del elevador con el corazón latiéndole con violencia. Al llegar al vestíbulo, se topó con Celeste y la señorita Rojas, quienes se reían abiertamente de ella.
Las miró de arriba abajo con desprecio y siguió su camino con paso firme y apresurado.
—Salió perfecto, Rojas —bufó Celeste con suficiencia.
—Así es, señorita Celeste. Si la aparecida pensaba llegar y quedarse con todo, se equivocó.
Ambas estallaron en una carcajada estruendosa, burlándose sin pudor. Gracia alcanzó a escucharl