Maximilien regresó a la mansión y fue directo a la habitación principal. Revisó los armarios: la mayoría de las pertenencias de Gracia seguían allí; solo se había llevado unas pocas cosas, las mismas que había traído consigo.
Se sentó sobre la cama y recogió la tarjeta negra que él mismo le había dado. Sintió un amargo dolor en el pecho.
—Gracia, todo fue un malentendido —murmuró con pesar mientras marcaba su número, pero la llamada iba directo al buzón.
Se dirigió a su despacho, y pasó el rest