UNA IMAGEN DICE MAS QUE MIL PALABRAS.
Maximilien estaba sentado en su despacho. Movió el cuello con cansancio; la noche anterior había tenido que viajar de urgencia a una de sus sedes en otra ciudad para resolver asuntos pendientes. El regreso fue agotador, y las obligaciones no parecían darle tregua.
El almuerzo con Gracia del día anterior lo tenía desconcertado. Sabía que su amabilidad era genuina, pero no quería que ella lo viera rendido a sus pies, así que optó por no escribirle.
Casi era la hora del almuerzo. Revisó su teléfon