—¡Gracia, querida! ¿Cómo estás? —Franco la tomó de la mano y la acercó para besarla en la mejilla.
—Franco, ¿qué tal?
—Bien, esperándote desde hace unos minutos, pero siéntate, imagino que debes tener hambre.
—Claro que sí, muchas gracias. Recibí los fondos en mi cuenta por las obras que compraste. Me siento halagada.
—No deberías sentirte halagada, es el pago justo por tu talento. Las he colocado en el lobby de mi hotel y lucen impresionantes. De hecho, quería concretar contigo una fecha para