HORMONAS A FLOR DE PIEL.
Maximilien se detuvo en el marco de la puerta, apretando los puños con fuerza mientras clavaba la mirada en Gracia.
—Dime, ¿hasta cuándo voy a tener que seguir durmiendo en el cuarto de invitados? —preguntó con voz tensa—. ¿No crees que ya ha pasado demasiadas noches separados?
Gracia se volvió lentamente hacia él y negó con la cabeza.
—No, no ha sido suficiente... De hecho, lo he estado pensando mejor, Maximilien, y creo que lo mejor será que nos divorciemos. —replicó ella con frialdad.
El ros