CAPÍTULO 46
La sala de reuniones estaba vacía ahora, salvo por los tres. Denzel acababa de cerrar su presentación con un apretón de manos firme, mientras los inversionistas salían entre murmullos de aprobación. Andrey se mantenía sentado, serio, con los ojos ligeramente ausentes, como si parte de él estuviera en otro plano.
—Señores —la voz suave y modulada de Nemeyra se impuso mientras recogía sus documentos con elegancia—. Si no es mucha molestia… ¿Podría hablar con usted unos minutos a solas,