CAPÍTULO 60
La luz de la mañana entraba por los ventanales con una suavidad engañosa. Todo parecía tranquilo en la sala, como si el mundo no estuviera al borde de algo que ninguno de ellos comprendía del todo.
Luna estaba sentada en el sofá, con una manta ligera sobre las piernas y las manos cruzadas sobre el vientre, donde aún no se notaba nada, pero ya sentía una especie de calor suave, y una presencia real.
Entonces Abril llegó con dos tazas de té y una sonrisa casi infantil.
—Anoche soñé qu