La luz del amanecer filtraba un tono dorado tenue a través de los ventanales y todo parecía suspendido en una calma irreal. No había sonido, solo el leve ritmo de una respiración profunda, mientras Andrey abrió los ojos.
Por un instante, pensó que seguía soñando. El cuerpo le pesaba, pero no como antes, no por el cansancio, ni por el desgaste. Esto era otra cosa… era paz.
Andrey estaba esperando el cansancio, el dolor, la fatiga que conocía demasiado bien tras todas estas semanas de lucha, pero