Las palabras de Nicola seguían clavadas en mi cabeza como cuchillas oxidadas.
“Lo fue… pero solo porque me imaginé a tu hermana.”
Cada sílaba era una humillación.
Cada recuerdo de aquella habitación era una herida abierta.
Apreté con fuerza el volante mientras conducía, sintiendo cómo la rabia hervía dentro de mí como veneno puro.
¿Cómo se atrevía?
¿Cómo se atrevía a usarme, a despreciarme, a hacerme sentir como una maldita sustituta barata?
Nicola había dejado claro algo insoportable.
Jamás me