La puerta se cerró detrás de Nicola, y el sonido fue mucho más devastador que cualquier grito.
Mis piernas dejaron de sostenerme.
Caí de rodillas sobre el suelo frío de aquella pequeña casa, mientras mis manos temblorosas se aferraban a mi vientre como si así pudiera proteger lo único puro que me quedaba.
Y lloré.
Lloré como si mi alma se estuviera deshaciendo dentro de mí.
Porque lo había amado.
Dios… cómo lo había amado.
Amé a Damien.
Amé a Nicola.
Amé mentiras, sombras, versiones rotas de ho