El alcohol ya no quemaba.
Ya no se sentía como fuego bajando por mi garganta.
Ahora sabía a castigo.
A culpa.
A desesperación.
Me serví otro vaso de whisky con manos temblorosas, viendo cómo el líquido ámbar se agitaba, como si incluso eso pudiera calmar el infierno que llevaba dentro.
No sabía en qué momento perdí el control.
Tal vez fue cuando Elena desapareció.
Pensar en ella me ponía nervioso, la quería romper tanto que el unico que resultó roto fui yo.
Me rei con amargura.
Lance el vaso al