El restaurante era elegante.
Demasiado elegante para una conversación como aquella.
Las luces tenues, el sonido suave de copas chocando, el murmullo refinado de otras mesas… todo resultaba irónicamente ridículo considerando la tormenta brutal que llevaba dentro.
Yo estaba sentado frente a una botella de whisky casi vacía cuando Isabela apareció.
Vestida como si fuera a una celebración.
Como si aquello fuera una victoria.
Como si no entendiera que estaba sentándose frente al hombre que más podía