XIMENA
—Amor, por favor, abre los ojos, te prometo que nos casaremos, él bebe, está a salvo, por favor, despierta, no quiero que mi hijo crezca sin padre—; Ximena lloraba por su amado, quien llevaba cuatro días en coma.
—Amor, espero que sea verdad tu palabra y que no sean promesas a un moribundo—; Ángelo abrió lentamente los ojos.
—De acuerdo, mi amor, por supuesto, nos casaremos; en bien terminé de estudiar, ya falta poco para graduarme, tú lo sabes.
—Listo, mi amor, así lo haremos. Ximena, p