XIMENAAl otro día no fue capaz de ir a dar clase a la universidad, sus alumnos lo extrañaron especialmente Mía y Ximena, aunque la primera tenía otro asunto que la atormentaba, el cual quiso contarle a Mía para descargar su preocupación.—Amiga, tengo un problema verraco.—Ximena, déjame adivinar, ¿está embarazada del profesor?—No, eso no, no hicimos nada de nada, aún, quién sabe si el fin de semana, pues él me invitó a su finca en la ciudad de Melgar.— ¡Huy!, te vas de plan completo a nalguear.—Ja-ja-ja, pero me da miedo.—¿De qué? Ni que fueras una niñita.—Es que hace mucho que no estoy con un hombre.—Huy, Ximena, no sé cómo puedes vivir así, ¿y hace cuánto?—Pues la verdad, desde siempre, yo nunca he estado con un hombre, qué vergüenza contarte eso.—Huy, no te lo puedo creer, amiga mía, me estás mamando gallo, si hasta estuviste o estás casada.—Eso fue una farsa, con ese señor ni nos besamos o bueno, supongo que sí, pero no hicimos el amor ni nada parecido, fue algo que est
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