ÁNGELO
—Te agradezco mucho este último favor.
—Descuida y recuérdalo muy bien, no puedo tener amistades con un soplón, aunque tu abuelo también ayudó. El viejo vendió el castillo y lo poco que le quedaba.
—Sí, José Luis, lo sé, me comento que se siente muy culpable por todo lo sucedido con Ximena, que sabe que tendrá que pagar eso cuando se muera.
—Ángelo, ya basta de sermones, debemos concentrarnos en el operativo, no debieron de haber llamado a la policía, eso lo complica todo.
—Yo no fui, fu