XIMENA
Me despierto con los rayos de la claridad que se cuelan por las cortinas como reglas de luz; aunque tengo a mi sol acostado conmigo, su calor me quema tanto que apenas me acostumbro a él; ahora es una tibieza que me embriaga junto a su olor. Ese es mi macho, quien despierta porque lo estoy viendo, y bostezando me dice: —Buenos días, mi linda esposa.
Es algo que desde pequeña me imaginé que me dirían; eso me llena de alegría, lo beso dándole los buenos días y eso nos lleva a otra cosa sin