La cena en la Mansión Moretti transcurría con una normalidad que resultaba casi inquietante.
Chiara, que apenas horas antes había salido furiosa, ahora estaba sentada a la mesa, sirviendo una porción de lasaña en el plato de Hillary con una sonrisa tímida.
—Toma, come un poco más —dijo Chiara con voz suave, fingiendo arrepentimiento—. Debes estar débil por la pérdida de sangre. Siento mucho mi comportamiento de ayer y de hoy temprano. El estrés... a veces me hace decir cosas que no siento.
Hill