El silencio que siguió a los disparos fue más ensordecedor que las propias detonaciones. En la carretera costera, el olor a pólvora se mezclaba con el vapor que salía del radiador destrozado de la camioneta de Charly.
Salvatore no dio tiempo para procesar el trauma. La carretera seguía siendo una zona de muerte potencial.
—¡Thiago, Francesco! —bramó—. ¡Suban a Charly al auto, rápido! ¡Nos vamos ya!
Charly gimió cuando lo levantaron. Su pierna izquierda colgaba en un ángulo doloroso, y su rostro