El silencio en la habitación principal de la Mansión Moretti era tan denso que podía cortarse con el filo de una mirada. Solo el golpe de los pasos sobre el piso de mármol bajo los pies nerviosos de Lucas, él fiel mayordomo de los Moretti, rompía la quietud mientras llevaba una bandeja con agua, gasas y antiséptico. El doctor Giacomelli, un hombre de edad avanzada y lealtad de años de amistad con los Rossi - Moretti, trabajaba con manos expertas sobre el costado de Salvatore. El aire olía a alc