Horas después, tras la intensa conversación con Gabrielle en el jardín, Salvatore e Isabella se despidieron de Antonio y del pequeño, sintiendo la urgencia de volver al epicentro de su tormenta. El regreso a la clínica fue un trayecto devorado por la prisa y el silencio. La noche había vuelto a caer sobre Sicilia, y los pasillos privados de la clínica médica de los Lombardi se sentían desiertos, custodiados solo por hombres armados que se mimetizaban con las sombras.
Al cruzar el umbral de la h