Después del despertar de Alessandra y de esa deprimente y desgarradora noticia sobre la histerectomía que la dejó sumida en un mar de lágrimas, la atmósfera dentro de la habitación de la clínica se volvió densa, asfixiante y cargada de una tristeza indescriptible. Salvatore, con el rostro endurecido, miró a su cuñada. Isabella, comprendiendo de inmediato la necesidad de intimidad de la pareja, decidió darles su espacio y salió de la habitación en silencio, dejando que el Don se encargara de sos