La cala sur de la propiedad Lombardi era un secreto guardado por generaciones, un tajo en los acantilados de Sicilia donde el mar rugía con una violencia que ahogaba cualquier conversación. El cielo, desprovisto de luna y estrellas, caía sobre ellos como un manto de plomo. Salvatore y Alessandra esperaban junto a un pequeño muelle de piedra, rodeados por el eco de las olas y el aroma a pólvora que parecía emanar de los propios poros de Salvatore.
Thiago estaba a pocos metros, vigilando el horiz