Alessandra se despidió de Max con un asentimiento rígido, sintiendo que sus pies pesaban mientras caminaba hacia el convoy que la esperaba. No miró atrás, pero sentía la mirada de Max grabada en su nuca como un estigma. El trayecto de regreso a la villa fue un torbellino de pensamientos encontrados. El silencio dentro de la camioneta blindada solo era interrumpido por el murmullo de la radio táctica de Thiago, pero Alessandra no escuchaba nada.
—Detente en aquella tienda, Thiago —ordenó ella de