El sol de Sicilia nació con una arrogancia dorada, bañando los viñedos y las costas de la isla con una luz que parecía ignorar la carnicería ocurrida en Calabria apenas unas horas antes. En la villa principal de los Lombardi, el aire era denso, casi irrespirable. Alessandra se había despertado con un nudo en la garganta y el eco de las palabras de Salvatore resonando en su mente como una campana fúnebre. No había podido dormir; cada vez que cerraba los ojos, veía a la pequeña Sara desplomándose