Jonathan se acomodó en su asiento, cruzando las manos sobre la mesa con una calma que contrastaba con la tormenta que estaba por desatar.
—Lo que voy a decir pueden tomarlo como una amenaza si quieren —dijo, con voz firme—. Pero es simplemente… el recordatorio de un acuerdo.
Beatrice se tensó.
—Jonathan, no es necesario que…
—Guarda silencio, Beatrice —la interrumpió sin mirarla—. Tú firmaste esto conmigo. Sabías exactamente lo que implicaba.
Jonathan hizo una seña sutil.
Un hombre