La cena de Nochebuena en la mansión Moore era un espectáculo de elegancia contenida. El comedor, con su mesa larga vestida en lino marfil y candelabros de cristal, estaba lleno de murmullos, copas tintineando y miradas que decían más que las palabras. La tormenta invernal había retrasado a algunos invitados, pero la mayoría ya estaba presente: Noah e Isabelle, Camille y Lucie, Celeste… y Henri, sentado junto a Beatrice, aún sin haber sido presentado.
Isabelle, desde su lugar, miraba hacia la