La casa abandonada estaba en las afueras, rodeada de árboles secos y caminos de tierra que nadie transitaba. El lugar parecía olvidado por el tiempo, pero esa noche, era el centro de una operación silenciosa.
James y Noah llegaron en vehículos separados, sin luces, sin ruido. Damián había trazado el perímetro, y un equipo encubierto vigilaba desde la distancia. Noah llevaba consigo el certificado de divorcio y una maleta con varios millones, tal como se había acordado en la llamada.
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