La joyería era pequeña, con vitrinas de madera oscura y luz cálida que hacía brillar cada pieza como si tuviera su propia historia. James entró primero, seguido por Noah, que lo observaba en silencio mientras él recorría con la mirada los estuches alineados.
—¿Sabes lo que estás buscando? —preguntó Noah, con tono tranquilo.
James asintió, sin apartar la vista de los anillos.
—Algo que le hable sin decir nada. Que no grite, pero que se quede.
Noah se acercó a su lado.
—Siempre fuiste m