La mañana era clara, y la mansión Moore tenía ese silencio elegante que solo se rompe con conversaciones importantes. James estaba en el vestíbulo, colocándose su chaqueta de piel, cuando Noah entró con un vaso de Jugo de naranja com hielos en mano.
—Isabelle me dijo que ya no son esposos —dijo James, sin rodeos.
Noah se apoyó en el marco de la puerta, asintiendo.
—Es verdad. Hace dos días firmamos el divorcio.
James lo miró un momento.
—Entonces… ¿entregó la mitad de su empresa?
—S