En una de las habitaciones del ala este, Isabelle miraba por el ventanal mientras su teléfono vibraba entre sus manos. Con un suspiro decidido, giró hacia Camille y Lucie, que la observaban sentadas en el diván, como dos confidentes listas para entrar en escena.
—Necesito salir esta noche —murmuró Isabelle, con un dejo de urgencia que no intentaba disfrazar—. Pero no puedo hacerlo sola. Noah está alerta… y cada movimiento mío parece una provocación.
Lucie levantó una ceja, divertida.
—¿Y