La mañana era tranquila, con el sol filtrándose por las cortinas de la habitación. Isabelle estaba sentada en el sillón, con la niña dormida en su pecho y el niño en la cuna a su lado. Vivianne se acercó con una taza de té y se sentó junto a ella, en silencio.
—¿Cómo te sientes? —preguntó con suavidad.
Isabelle tardó en responder. Miró a su hija, acarició su frente con la yema de los dedos.
—Llena. Y vacía al mismo tiempo. Es extraño… hay tanto amor aquí, pero también una ausencia que pes