La mansión estaba en penumbra cuando Isabelle llegó. Camille y Lucie habían salido con Evan y Oliver, y el silencio que reinaba en los pasillos era casi reconfortante. Casi.
Isabelle dejó su bolso en el recibidor y subió las escaleras sin encender las luces. No quería hablar con nadie. No quería explicaciones. Solo necesitaba… algo que no sabía nombrar.
Se detuvo frente a la puerta de Noah. Dudó un segundo, luego llamó con suavidad.
—¿Noah?
La puerta se abrió despacio. Él estaba en pija