El auto se detuvo frente a la entrada principal de la mansión Moore. El cielo de York estaba cubierto, como si el día compartiera el mismo gris que se había instalado entre ellos.
James bajó primero. Rodeó el auto con pasos medidos y abrió la puerta del copiloto sin decir una palabra. No la miró. No hizo contacto visual. Solo sostuvo la puerta, como quien cumple una formalidad.
Isabelle bajó con cuidado. Al pasar junto a él, el aroma de su perfume la envolvió por un instante. Ese aroma. El