La puerta se cerró detrás de Isabelle con un leve clic. James se apartó del umbral, aún con la toalla ceñida a la cadera, el cabello húmedo cayendo sobre su frente. El vapor del baño aún flotaba en el aire, envolviéndolos en una atmósfera espesa.
—¿Entonces solo fui una aventura para ti? —preguntó Isabelle, sin rodeos.
James se giró hacia ella, sin molestarse en cubrirse más.
—Tú lo insinuaste primero.
Isabelle dio un paso al frente, desafiante.
—Pues te aseguro que la pelirroja no fu