El vapor aún flotaba en el baño cuando Noah ajustó el nudo de su corbata frente al espejo. El traje negro, la camisa blanca impecable, y el reloj dorado reflejaban la imagen de un hombre pulido… aunque su mirada traicionaba el peso de la noche anterior.
La Mansión Moore permanecía en silencio, majestuosa y tensa, como si los muros contuvieran más que historia.
El teléfono vibró sobre la cómoda. *James*.
Dudó. Lo dejó sonar tres veces antes de contestar.
—¿Qué quieres? —preguntó Noah, s