Los pasos de James eran firmes, pero cada uno pesaba más que el anterior. Había dejado atrás una pelea que no debía haber ocurrido en público, con su hermano, con ella delante… y aún con sangre en el rostro, lo que más dolía era no saber qué vendría después.
Entonces la escuchó.
—James...
Se detuvo.
La voz de Isabelle, temblorosa, lo alcanzó desde el vestíbulo, justo antes de llegar al umbral. Ella corría tras él, su vestido aún agitado por la intensidad del momento, los ojos húmedos si