La tarde en York comenzaba a caer, tiñendo la ciudad de tonos ámbar. En la mansión Moore, James estaba en su estudio, revisando documentos de Janix, cuando escuchó pasos firmes acercándose por el pasillo. La puerta se abrió sin ceremonia.
Noah entró, aún con el abrigo puesto, el rostro sereno pero con algo distinto en la mirada.
—¿Cómo está Celeste? —preguntó James, dejando los papeles a un lado.
—Despierta. Lúcida. Tranquila —respondió Noah, cerrando la puerta detrás de él—. No recuerda