El estudio de Noah estaba iluminado por una lámpara de escritorio y el fuego tenue en la chimenea. Isabelle se acomodó en la silla frente a los dos hermanos, cruzando las piernas con elegancia, pero con la mirada alerta.
James permanecía de pie, apoyado en el respaldo de un sillón, mientras Noah se sentó frente a ella, con los dedos entrelazados.
—Gracias por venir —comenzó Noah—. Queríamos hablar contigo sin que nadie más estuviera presente. Lo que vamos a decirte… es importante.
Isabell