Isabelle encontró a Camille cerca de la fuente del jardín, sentada en uno de los bancos de piedra, con su copa aún en la mano. La música seguía flotando en el aire, pero el ambiente parecía suspendido en una calma que a Isabelle le resultaba extraña.
—¿No te parece raro que todo esté tan tranquilo? —preguntó, sentándose a su lado—. Como si algo estuviera esperando a romperse.
Camille la miró con una sonrisa suave, pero no respondió de inmediato. Isabelle bajó la voz, más seria.
—Adrien di