Hace dos días que habían vuelto de Italia. La noche había caído sobre la mansión como un telón de terciopelo, envolviendo los jardines en una atmósfera de celebración discreta. Las luces colgantes titilaban entre las ramas, la música flotaba en el aire con elegancia, y Noah, vestido con una camisa clara y actitud relajada, recibía a los invitados con una sonrisa que parecía sincera.
Camille llegó poco después, acompañada por Adrien. Él caminaba con paso tranquilo, las manos en los bolsillos,