El jardín estaba bañado por una luz suave, con la mesa ya dispuesta: café humeante, pan recién horneado, frutas cortadas con esmero. Los platos brillaban bajo el sol, y el aire tenía ese aroma a mañana tranquila que rara vez se sentía en esa casa.
Camille fue la última en llegar, y al ver a Noah ya sentado —no solo eso, sino sirviendo jugo a Isabelle con una sonrisa discreta— se detuvo un momento antes de tomar asiento. Lo observó interactuar con los demás: le ofrecía café a Beatrice, hacía u