El jardín de la Mansión Moore estaba bañado por la luz suave de la mañana. El rocío aún cubría las hojas, y el aire tenía ese silencio especial que solo existe antes de que el día comience de verdad.
Isabelle caminaba entre los senderos de piedra, con una taza de café en las manos y el cabello suelto, aún sin arreglar. No esperaba compañía. No la buscaba.
Pero James estaba allí.
Apoyado contra uno de los pilares del invernadero, con la camisa abierta en el cuello y las manos en los bolsil