Tres días después
El amanecer iluminaba las calles empedradas de un pequeño pueblo medieval. Isabelle caminaba junto a Noah, escuchando el eco de sus pasos mientras el aroma a pan recién horneado escapaba de una panadería cercana.
Él compró croissants y café para ambos, y durante el desayuno, en una terraza frente a la plaza, por momentos parecían olvidar todo lo que los separaba.
Por las tardes visitaban viñedos, recorrían mercadillos y hasta se detuvieron a contemplar un atardecer en la