El cristal empañado filtraba la luz dorada, haciendo que el aire pareciera más denso. Isabelle entró buscando un momento de calma, pero no estaba sola.
Sophie estaba allí, inclinada sobre una mesa de trabajo, podando unas orquídeas con una delicadeza casi teatral.
—Vaya, mira quién decidió visitar mi rincón favorito —dijo Sophie, sin alzar la vista.
Isabelle se tensó, dispuesta a ignorarla, pero Sophie habló antes de que pudiera girarse.
—Sabes… no todos en esta casa creen que eres la e