En ese preciso instante, el silencio tenso de la habitación fue roto por el zumbido vibrante de un teléfono celular.
El teléfono de Zeynep, que estaba sobre la mesita de noche, se iluminó y comenzó a sonar.
Kerim miró el aparato y luego a Zeynep, frunciendo el ceño con sospecha. ¿Quién llamaba tan temprano?
Zeynep caminó hacia la mesa y tomó el teléfono. Al ver el nombre en la pantalla, sus ojos se abrieron ligeramente.
—¿Aló? —contestó, dándole la espalda a Kerim.
—Hola, Zeynep. ¿Cómo estás? S