El despacho del abogado Korhan Demir olía a madera vieja, cuero costoso y a problemas legales de alto perfil. Ubicado en uno de los rascacielos más exclusivos de Estambul, el lugar estaba diseñado para intimidar. Los ventanales de piso a techo ofrecían una vista panorámica de la ciudad, una ciudad que Azra estaba decidida a poner a sus pies.
Azra entró con paso firme, aunque sus manos temblaban ligeramente, delatando la ansiedad que le carcomía las entrañas. A su lado iba Sem, su mejor amiga y