La noche en la mansión Seller había caído con el peso de un secreto. En la opulenta habitación matrimonial, Zeynep acunaba a su bebé, el pequeño Evan, su única ancla en la turbulenta vida que llevaba. La luz tenue de la lámpara de noche bañaba la cuna con un resplandor dorado. Observó la carita de su hijo, el pecho subiendo y bajando con el ritmo suave del sueño profundo, y una sonrisa fugaz y llena de ternura se dibujó en sus labios.
—Ya es tarde, y tu papá aún no ha llegado —le susurró al beb