Zeynep entró en la habitación con Kerim. El ambiente estaba impregnado de una tensión densa, casi palpable, que parecía pesar en el aire. Avanzó en silencio hacia la cama, sus pasos cautelosos sobre la alfombra, y se recostó con cierta pesadez, como si el simple acto de acostarse representara un escape temporal del mundo que la rodeaba. Kerim, sin mirarla al principio, se acomodó en el otro extremo de la cama, tirando de las mantas con movimientos bruscos y nerviosos.
Zeynep lo observó durante u